¿Son los demonios reales, o son un invento de la religión?

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La Biblia cuenta con múltiples pasajes en los que Jesús y sus apóstoles expulsan los demonios que atormentaban a sus victimas y en los que, como en el caso del sufrido Job, se le otorga al demonio el poder de afectar a una persona pero sin llegar poseerla. Quizás el más conocido de todos es el del poseído de Gerasa del que Jesús expulsa un número no especificado de demonios  y los conmina a entrar en una piara de puercos. Según expertos en este episodio bíblico, resaltan algunas de las cualidades típicas de una posesión, como el de conocer verdades no reveladas (el endemoniado sabía quien era Jesús sin haberlo visto nunca antes) y la fuerza sobrehumana (no había cadena que el endemoniado no pudiese romper).

¿Qué son exactamente los demonios?

El concepto de espíritus malignos o demonios ha estado entre nosotros desde antes del cristianismo. En documentos antiguos, existen una serie de referencias a ellos, tal es el empleo del término Asura, palabra sánscrita derivada del hinduismo que se emplea para referirse a los espíritus en general, ya sean buenos o malos. Sin embargo, el concepto de Satanás o Lucifer tal y sus seguidores (demonios inferiores) nos es revelado en la Biblia y sobre todo con la aparición del Cristianismo.

Hay numerosas teorías que intentan responder a la pregunta de qué son los demonios. Sin embargo, la concepción más común proviene directamente de la Biblia. En la fe cristiana, la Biblia nos dice que Satanás es el líder de un inmenso grupo de ángeles que como él, se negaron a llevar a cabo el plan de Dios. Lucifer fue alguna vez que el más bello y poderoso de todos los ángeles, a los que Dios creó con voluntad propia y con la capacidad de discernir entre el bien y el mal. Al igual que a nosotros, en su momento ellos también tuvieron que elegir. Cuando Dios los hace participes de sus planes, les revela que su único hijo, Jesús, el Cristo, habría de encarnar en una virgen pura, María. Ambos de cuerpo material y a los que Lucifer consideró inferiores. Desde ese mismo instante, Lucifer, quien en su vanidad creyó que los planes de Dios le tenían como centro, se rebeló negándose a servir. Con su grito “¡Non Serviam!” (No Serviré) se opuso a los planes de su Creador.
Al igual que a nosotros, se les estableció un plazo, el que Lucifer aprovechó para convencer a la tercera parte de los ángeles a unirse a esta rebelión. El arcángel Miguel, cuestionó esta rebeldía y con su grito “Quién cómo Dios” salió en defensa de su Señor. Así llegado el momento, Dios permitió que el humilde arcángel (perteneciente al coro angélico más bajo y solo precedido por los ángeles) derrotase al orgulloso serafín (perteneciente a la jerarquía angélica más alta), precipitándole a la tierra, en donde vaga como príncipe de este mundo.

Han habido muchas representaciones clásicas de Satanás y su ejército de demonios a través de los siglos. Aunque normalmente carecen de forma como espíritus malignos, demonólogos y exorcistas enseñan que cada uno agota su especie (todos son distintos entre si)  y pueden incluso algunas veces, revelarse bajo la forma de un ser querido fallecido o “guía benéfica” o “guía espiritual”. Su objetivo es el de manipular a las víctimas para que confíen en ellas y hacerlas caer en el error de confiar en sus sugerencias o sugestiones, de tal forma que alejando a la victima de la verdad, se pierda.

El mismo Satanás se transforma en ángel de luz, así no es mucho que sus ministros se transfiguren en ministros de justicia.

2 Cor 11, 14-15.

¿Cómo entran en nuestro mundo los demonios?

Decía San Agustín de Hipona, doctor de la Iglesia Católica, que el e demonio es como un perro encadenado, solo muerde si nos acercamos a él. Explicado así, somos en realidad nosotros quienes entramos en sus dominios de varias maneras. Involucrarse en rituales demoníacos, jugar juegos como el tablero Ouija, conducir sesiones espiritistas o tomar parte en ellas y hacer tratos con el diablo, son solo algunas de las formas posibles de ponernos a su alcance.
También se sugiere que personas que concentran y emanan negativismo, pesimismo, odio, envidia, que se entregan a diversos vicios como el alcohol, las drogas, la pornografía, personas que buscan hacer el mal en lugar del bien, se ponen a una distancia muy peligrosa del mundo demoníaco.

Algunos exorcistas, suelen explicarlo de esta otra manera. Todos tenemos una suerte de coraza espiritual que nos protege de la acción del demonio y sus secuaces. Mientras hagamos uso de los sacramentos, mientras hagamos oración, muy especialmente el rezo del Rosario, practiquemos virtudes como la de amar y perdonar al prójimo, cuando alberguemos en nuestros corazones solamente sentimientos nobles; mantendremos intacta esta coraza espiritual y virtualmente invulnerable.
Cuando nos entregamos a los placeres de la vida, al vicio, a la envidia, al odio, al rencor, cuando abandonamos los sacramentos, cuando abrimos nuestros corazones a bajas pasiones y obscuros sentimientos; entonces nos  alejamos de Cristo y sus enseñanzas, vulnerando esta coraza protectora, quedando expuestos a la acción del demonio.

¿Qué es la obsesión demoníaca?

Una vez que una puerta se abre, las entidades demoníacas pueden entrar. Esto puede comenzar sutilmente, con golpes o raspado en la noche, cosas moviéndose por su cuenta, o sombras extrañas y apariciones amistosas. La obsesión demoníaca pueden convertirse rápidamente en acontecimientos más intensos, como las aflicción física de las personas (arañazos, mordidas, golpes), objetos que vuelan por el aire, objetos religiosos que son arrojados de las paredes o dañados por una fuerza invisible, gruñidos o voces audibles, fuertes Olores sulfurosos o pestilentes, visiones y manipulación emocional. Una teoría sostiene que las entidades demoníacas inicialmente asaltan a las personas para romper sus voluntades y crear una atmósfera de temor y confusión. Esto la debilita  a nivel psicológico y espiritual. Por lo tanto, una vez que una persona se vuelve débil hasta este punto, se hace más fácil para un demonio tomar posesión de una persona.

¿Qué es posesión demoníaca?

Es cuando uno o varios demonios, toman posesión de la victima y tienen el poder de afectarla directa y físicamente. Según exorcistas y demonólogos, esta tiene lugar cuando el poseso ha quedado vulnerable por las razones explicadas anteriormente, las que han ocasionado que la victima se haya alejado de Dios a tal punto, que se permite la acción del demonio.

La posesión puede ser de muy diversa magnitud, desde leve a completa. Los síntomas de la posesión pueden incluir hablar en idiomas extranjeros nunca estudiados, conocimiento de verdades secretas u ocultas, y el poseer fuerza sobre humana. Además, los poseídos pueden decir cosas viles, realizar actos vulgares, o participar en comportamientos asquerosos. El demonio puede incluso hablar a través del individuo para avergonzar, desacreditar, confundir, sacudir o exponer los pecados o tentaciones anteriores de un exorcista. Echará  mano de todo aquello que le permita prolongar su permanencia en el cuerpo del poseso con tal de evitar volver al infierno.

Hay que recalcar que la persona no tiene que ser miembro de alguna religión en particular o incluso creer en Dios para ser perseguido o poseído por demonios. Cualquier que abra una puerta de las maneras explicadas anteriormente,  puede quedar vulnerable.

Tenga en cuenta que la posesión no siempre puede ser tan extrema y obvia,  por lo que las señales y síntomas pueden ser mucho más sutiles. Se requiere un experto exorcista o demonologo  para identificar las diferencias otras manifestaciones demoníacas y la verdadera posesión.

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